
hidrocarburos"
ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)
La semana pasada hablamos de una "nueva" tecnología que permite producir diesel con basura domiciliaria, bagazo de caña de azúcar, cáscara de arroz, residuos agrícolas, madera, cortezas, ramas... Agregamos que por lo tanto los biocombustibles no tienen por qué "salir" de productos agropecuarios comestibles.
Esta "nueva" tecnología tuvo su origen durante la Primera Guerra Mundial (1918) en Alemania. Buscó "romper" moléculas complejas de carbono y "recomponerlas" en hidrocarburos combustibles. Petróleo "artificial".
La culpa, como siempre, la tuvieron los ingleses cuando por aquella época decidieron que su portentosa flota de guerra abandonara el carbón y se pasara a fuel oil y luego a gasoil.
Con ello asustaron a los alemanes, que carentes de petróleo (o de colonias que lo tuviesen) pusieron "manos a la obra", mejor dicho cerebros, de inventar petróleo sintético.
Al principio, para sorpresa inglesa, lo hicieron con carbón de coque. Era un procedimiento que requería aportar más energía que la que luego se obtendría: pero para la guerra eso importa poco con tal de que mueva tanques, camiones, aviones y barcos...
Diversos avatares trágicos de público conocimiento y colosal volumen determinaron que estas investigaciones fueran abandonadas en la década de los cincuenta.
El precio del barril de petróleo (que hoy llegó a cien dólares) hizo que por los años noventa, los sabios extrajeran del archivo aquellas viejas y polvorientas carpetas.
Estudiando las cuencas petrolíferas siguieron el sutil rastro ancestral del origen del petróleo. ¿Cómo fue que la naturaleza y el tiempo (mucho tiempo), transformaron residuos orgánicos en hidrocarburos?
Hallaron muchas cosas, descubrieron varios secretos... Entre ellos, la presencia inexcusable de ciertas arcillas aparentemente anodinas pero con propiedades mágicas: como pastel con relleno que se parece a torta frita (esto debería ir en alemán).
Y entonces, cometiendo plagio, lograron fabricar en poco tiempo (minutos) lo que a la naturaleza y al tiempo les llevó, valga la redundancia, milenios.
Para ello fabricaron ciertos hornos especiales, aumentaron la temperatura hasta unos trescientos o cuatrocientos grados y echaron adentro todo tipo de basuras entreveradas con aquellas arcillas mágicas (zeolitas) a las que denominaron catalizadores. Cuando comenzó a salir un jugo, le arrimaron fuego y comprobaron que era diesel pasando de inmediato, y en medio del incendio, a gritar "¡Eureka!".
Gracias a tales incendiarios hoy los uruguayos sabemos que, por ejemplo, de una tonelada de biomasa salen trescientos veinte litros de gasoil más agua destilada y dióxido de carbono.
Que en un año bueno y separando el grano, una hectárea de maíz produce como treinta toneladas de chala y otras cosas que, previo secado, destilan unas diez toneladas de gasoil.
Que los eucaliptos uruguayos, solteros y adultos (ocho años de edad) dan unas doscientas toneladas de rolos y otras trescientas de ramas, hojarascas, nidos de cotorra y corteza: si las quinientas toneladas de esa biomasa fueran dedicadas a ello veríamos salir del monte como ciento veinte toneladas de gasoil rumbo al surtidor en la tranquera.
Esto ya se está haciendo en muchos países del mundo. En realidad, se viene generalizando al ritmo de la suba del barril.
Produce también drásticos cambios en el tratamiento de la basura en las grandes ciudades, la valoriza, dignifica el trabajo de recolección y selección, lo remunera mejor, elimina un problema y graves contaminaciones. "Mata" varios pájaros de un tiro.
La Intendencia Municipal de Montevideo ha avanzado en estos estudios, en diversos contactos y coordinaciones, y hasta en visitas a plantas que ya funcionan en otros países.
Pero lo más importante y alentador es que según todo parece estar indicando, la mano de obra metalúrgica uruguaya va a comenzar a fabricar dicha maquinaria industrial para exportar a varios países y para nuestro propio uso.
Concretamente: en la milagrosa Cooperativa de Funsa, si todo marcha bien, se producirán en breve otros varios milagros. Veremos salir por sus portones una flamante maquinaria industrial de punta y "for export" (incluso hacia Estados Unidos, entre otros países).
Veremos también entrar treinta toneladas de basura por día y de ella extraer mil litros de gasoil por hora (ocho millones por año) en la primer planta piloto a instalarse en Montevideo (que necesitará ocho para consumir su basura actual).
Allí por lo tanto no sólo se fabricará la maquinaria sino que se hará la primera experiencia nacional obteniendo así otro tipo de conocimientos: el de manejo.
Será entonces también una "escuela industrial" que formará especialistas tanto en el armado como en la puesta en funcionamiento y la operación.
Se podrá exportar mano de obra, máquinas y asesoramiento.
Es muy probable que el año que viene, en los camiones cisterna repletos con diesel por la calle Corrales, podamos leer: "FUNSACOOP HIDROCARBUROS".
Será verdad. Y será uruguaya. *
(*) Senador del MPP/Frente Amplio .
http://www.larepublica.com.uy/lr3/
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